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Se encontraron 24 resultados para Damita

Damita

DIOS EXISTE - Jue Ene 26, 2012 3:23 pm



Un hombre fue a una barbería a cortarse el pelo y recortarse la barba. Como es costumbre en estos casos, entabló una amena conversación con la persona que le atendía.

Hablaban de muchas cosas y tocaron varios temas. De pronto, hablaron de Dios. El barbero dijo:

Fíjese caballero, que yo no creo que Dios exista, como usted dice...

Pero, ¿por qué dice usted eso? - preguntó el cliente.

Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de que Dios no existe, o dígame, acaso si Dios existiera, ¿habrían tantos enfermos?, ¿habría niños abandonados?. Si Dios existiera, no habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.

El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder para evitar una discusión. El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio. Recién abandonaba la barbería, observó en la calle a un hombre con la barba y el cabello largo. Al parecer, hacía mucho tiempo que no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.

Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero:
¿Sabe una cosa? los barberos no existen . . .

¿Cómo que no existen? - preguntó el barbero - Si aquí estoy yo, y soy barbero.

¡No! dijo el cliente - No existen porque si existieran no habría personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que va por la calle.

Ahh, los barberos sí existen, lo que pasa es que esas personas no vienen hacia mí.

¡Exacto! - dijo el cliente - ese es el punto, Dios sí existe, lo que pasa es que las personas no van hacia Él y no le buscan, por eso hay tanto dolor y miseria...

Los Cumpleaños A la luz De La Biblica - Jue Ene 26, 2012 7:08 am


En la antigüedad, el nacimiento de un hijo solía ser, como hoy, causa de mucho gozo. Sin embargo, la Biblia no menciona que ningún siervo de Dios celebrara su cumpleaños (Salmo 127:3). ¿Será una omisión casual? No, porque sí habla de dos fiestas de cumpleaños: la de un faraón y la de Herodes Antipas (Génesis 40:20-22; Marcos 6:21-29). Y presenta ambas ocasiones con tintes negativos, sobre todo la última, la cual llevó a que se decapitara a Juan el Bautista.
Según la obra Las cosas nuestras de cada día, los primeros cristianos “consideraban estas festividades [...] como reliquias de las prácticas paganas”. Los griegos y romanos, por ejemplo, creían que toda persona contaba con un espíritu protector o una “divinidad bajo cuya tutela cada uno nace y vive”, y cuya “fiesta la celebraba cada uno el día de su natalicio”, o cumpleaños (Gran Enciclopedia Rialp). Además, por siglos se ha relacionado estrechamente la fecha del nacimiento con la astrología, y más concretamente con el horóscopo.
Aparte de por sus conexiones con el paganismo y el espiritismo, es muy probable que los siervos de Dios rechazaran los cumpleaños por otra razón. ¿Cuál? Su actitud humilde. Sencillamente, no creían que su llegada al mundo fuera tan importante como para festejarla (Miqueas 6:8; Lucas 9:48). Daban toda la gloria a Jehová, a quien agradecían el maravilloso don de la vida (Salmo 8:3, 4; 36:9; Revelación 4:11).
Cuando un siervo de Dios muere fiel, queda guardado en la memoria de Jehová, lo que le garantiza que volverá a vivir (Job 14:14, 15). Por eso dice Eclesiastés 7:1: “Mejor es un nombre que el buen aceite, y el día de la muerte que el día en que uno nace”. En este pasaje, el “nombre” es la buena reputación que nos ganamos con Dios sirviéndole lealmente. Es significativo que la única conmemoración que se nos manda celebrar a los cristianos no es la de un nacimiento, sino la de una muerte, la de Jesús, cuyo excelso “nombre” es la clave de la salvación (Lucas 22:17-20; Hebreos 1:3, 4).

Damita

La Navidad - Jue Ene 26, 2012 7:03 am

Durante aquellos festejos, los paganos intercambiaban regalos y hacían banquetes, prácticas que se han conservado en las Navidades. Pero el espíritu con que se realizan muchos regalos navideños no es el que se indica en 2 Corintios 9:7: “Que cada uno haga tal como lo ha resuelto en su corazón, no de mala gana ni como obligado, porque Dios ama al dador alegre”. Los cristianos verdaderos damos regalos por amor, sin esperar nada a cambio, y no porque se considere obligatorio hacerlo en una fecha (Lucas 14:12-14; Hechos 20:35). Además, estamos muy contentos de habernos librado de una pesada carga: todas las tensiones y deudas que suelen generarse en esa temporada (Mateo 11:28-30; Juan 8:32).
8 Quizás alguien proteste: “¿Acaso no le hicieron regalos los magos a Jesús para celebrar su nacimiento?”. En realidad, no. Aquellos astrólogos le hicieron obsequios en reconocimiento de que era un personaje ilustre, según la costumbre de tiempos bíblicos (1 Reyes 10:1, 2, 10, 13; Mateo 2:2, 11). De hecho, no fueron a verlo al pesebre la noche que vino al mundo, sino que lo visitaron en su casa, muchos meses después.

Damita

La Navidad - Jue Ene 26, 2012 7:01 am

Entonces, ¿dónde se encuentran las raíces de la Navidad?

No en la Biblia, sino en antiguas festividades paganas. Una de ellas recibía el nombre de saturnales y estaba dedicada a Saturno, el dios romano de la agricultura. Otra era “el nacimiento del ‘Sol invencible’”, que, según la Enciclopedia de la Religión Católica, tenía lugar el 25 de diciembre, día sagrado para los devotos del dios solar Mitra. Esta obra añade que “la Iglesia comenzó celebrando el nacimiento de [Cristo]” en esa fecha “para hacer concurrencia a esta fiesta pagana consagrada al nacimiento del Sol natural (Mitra)”. Y hay que señalar que esto ocurrió unos trescientos años después de la muerte de Jesús.

Damita

La Navidad - Jue Ene 26, 2012 6:59 am

La Biblia nunca menciona que se celebrara el nacimiento de Jesús. De hecho, no sabemos a ciencia cierta cuándo tuvo lugar. De lo que sí podemos estar seguros es de que no fue el 25 de diciembre. ¿Por qué? Para empezar, porque en Israel esa fecha cae en el frío invierno, mientras que, como indica Lucas 2:8-11, el día que nació Jesús había “pastores que vivían a campo raso” con sus rebaños. (Es obvio que no se quedaban al aire libre todo el año, pues de ser así no habría tenido sentido destacar este detalle.) Y en invierno suelen caer en Belén frías lluvias e incluso nieve, razón por la que los pastores no se quedaban “a campo raso” cuidando las ovejas, sino que las guardaban a cubierto. Tampoco hay que olvidar el motivo por el que habían ido José y María a Belén: para cumplir con el censo ordenado por Augusto (Lucas 2:1-7). Es muy poco probable que, sabiendo la antipatía que sentían los judíos por Roma, aquel emperador los obligara a viajar a las ciudades de sus antepasados en pleno invierno.

35 maneras Cristianas para reducir el Stress‏‏ - Lun Ene 09, 2012 7:49 pm

1. Orar

2. Irse a dormir temprano.

3. Despierte a tiempo para comenzar el día sin agitación.

4. Decir NO a Proyectos que no tienen cabida en el horario de su vida y que comprometerían sus intereses espirituales.

5. Delegue tareas a otros que estén capacitados.

6. Simplifique y ponga orden en su vida.

7. Recuerde que Menos significa Más.

8. Dese tiempo extra para hacer cosas y llegar a los lugares.

9. Trate de andar con paso mesurado: esparciendo en un espacio de tiempo los grandes cambios y los Proyectos difíciles.

10. Tome las cosas de cada día y no trate de resolver todo al mismo tiempo.
11. Aprenda a clasificar las angustias, inquietudes, o preocupaciones y sepárelos de los asuntos de mayor interés. Por ejemplo: si una situación es una preocupación, plantéese que podrá hacer Jehová y deje ir su ansiedad. Si Ud. no puede hacer nada para esa situación, simplemente póngala a un lado de sus intereses primordiales.

12. Aprenda a vivir con ajuste a un presupuesto.

13. Siempre tenga reemplazos o refuerzos: una llave extra del carro en su billetera; una llave extra de su casa sembrada en algún lugar del jardín; oficina, etc.

14. M.B.C ( Mantener Boca Cerrada) esta singular combinación triangular le ayudara a precaver situaciones adversas y una gran cantidad de problemas.

15. Haga algo de vez en cuando por el Niño(a) que está dentro de Usted.

16. Lleve siempre una Biblia con Ud. y aproveche de leer mientras espera en líneas.

17. Haga suficiente ejercicio.

18. Coma de forma sana y correctamente.

19. Sea siempre organizado, trate de que cada cosa tenga su lugar propio.

20. Escuche los audios de la Atalaya y Despertad mientras maneja, esto lo preparara para cualquier tensión que le pueda surgir.

21. Consiga un momento del día para estar a solas y meditar.

22. Escriba pensamientos y reflexiones cuando medite en las Escrituras.

23. Si surge un problema, hable a Jehová al instante, y evite esperar hasta el momento de irse a la cama para orar cuando el problema pueda ser mayor.

24. Haga Amistad y estreche su Asociación con personas espiritualmente Fuertes.

25. Mantenga a mano una carpeta con textos de las Escrituras que sean sus favoritos.

26. Recuerde que el Puente más corto entre la Desesperación y la Esperanza en muchas ocasiones tan solo es: "Dar Gracias a Jehová!"

27. Reír Mas y Mas! Recuerde que Jehová es un Dios Alegre!

28. Desarrolle siempre la actitud del perdón.

29. Sea siempre amable con aquellos que no lo son.

30. Siéntese sobre su propio ""EGO".

31. Hable Menos para escuchar Más.

32. Relájese un poco: Tome su trabajo en serio por medio de llevar siempre las cosas con calma...

33. Recuerde que usted no es dueño ni gerente general del universo: esas labores solo le corresponden a Jehová!

34. Haga cada noche este pequeño ejercicio mental, que lo ayudara a estar siempre positivo: Piense antes de irse a dormir en tan solo una cosa por la cual se sienta agradecido y de la cual nunca antes se había percatado en dar gracias a Jehová.

35. Si aun así le sigue afectando el Stress de este Sistema, "Entonces, ¿qué diremos a estas cosas? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? (Romanos 8:31)



Haz tu parte, y deja todo lo demás en las manos de Jehová

¿Deben odiar los cristianos a los homosexuales? - Jue Jul 28, 2011 11:21 pm


El punto de vista bíblico
¿Deben odiar los cristianos a los homosexuales?
EN 1969 se acuñó un término en inglés para referirse al temor irracional o aversión a los homosexuales. Era la palabra homophobia, que ha pasado al español en la forma homofobia. Aunque muchos idiomas no cuentan con un vocablo tan específico, hace miles de años que gente de numerosas naciones y lenguas manifiestan rechazo hacia los homosexuales.
En los últimos tiempos, sin embargo, se ha fomentado ampliamente la idea de que la homosexualidad es simplemente una forma de expresión sexual alternativa. El historiador Jerry Z. Muller escribió en fecha reciente que existe una “demanda creciente de que la homosexualidad como tal reciba el reconocimiento y el respeto públicos”. Explicó que los homosexuales “se han ido uniendo para proclamar que sus prácticas son loables, y para pedir que otros hagan lo mismo”. Estas tendencias se ven, sobre todo, en países occidentales. No obstante, en casi todas las naciones, aun en las llamadas liberales, hay muchas personas que siguen condenando y despreciando la homosexualidad.
Los homosexuales y los que levantan sospechas de serlo se convierten con frecuencia en objeto de comentarios despectivos, hostigamiento y violencia. Hasta algunos dirigentes religiosos han manifestado tal odio. Algunos han iniciado lo que parece ser su propia cruzada contra los homosexuales. Pongamos por ejemplo los comentarios de un obispo de la Iglesia Ortodoxa Griega que no hace tanto transmitió la radio nacional griega. Él afirmó: “Dios arrojará a los homosexuales al fuego del infierno para que ardan allí para siempre. Los gritos de sus sucias bocas resonarán por toda la eternidad. Sus perversos cuerpos sufrirán un tormento insoportable”. ¿Es eso cierto? ¿Qué piensa Dios de los homosexuales?
El punto de vista de Dios
La Biblia no distingue en particular a los homosexuales como un grupo al que los cristianos deban excluir de su trato u odiar. Además, no enseña que Dios vaya a castigar a los homosexuales, ni a ninguna de sus criaturas, confinándolos para siempre a un infierno ardiente. (Compárese con Romanos 6:23.)
Ahora bien, las normas morales de nuestro Creador, que se exponen en las Escrituras, frecuentemente se oponen a la ética moderna. La Biblia condena los actos homosexuales, las relaciones heterosexuales entre personas no casadas y la bestialidad. (Éxodo 22:19; Efesios 5:3-5.) Dios destruyó a Sodoma y Gomorra a causa de tales prácticas eróticas. (Génesis 13:13; 18:20; 19:4, 5, 24, 25.)
Con respecto a la conducta homosexual, la Palabra de Dios dice sin rodeos: “Es una cosa abominable”. (Levítico 18:22, Magaña.) La Ley que Dios entregó a Israel estipulaba: “Cuando un hombre se acuesta con un varón igual a como uno se acuesta con una mujer, ambos han hecho una cosa detestable. Deben ser muertos sin falta”. (Levítico 20:13.) A los que cometían bestialidad, incesto o adulterio se les prescribía el mismo castigo. (Levítico 20:10-12, 14-17.)
El apóstol Pablo dijo bajo inspiración que todo acto homosexual es expresión de “apetitos sexuales vergonzosos” y “contrario a la naturaleza”. Escribió: “Por eso Dios los entregó a apetitos sexuales vergonzosos, porque sus hembras cambiaron el uso natural de sí mismas a uno que es contrario a la naturaleza; y así mismo hasta los varones dejaron el uso natural de la hembra y se encendieron violentamente en su lascivia unos para con otros, varones con varones, obrando lo que es obsceno y recibiendo en sí mismos la recompensa completa, que se les debía por su error. Y así como no aprobaron el tener a Dios en conocimiento exacto, Dios los entregó a un estado mental desaprobado, para que hicieran las cosas que no son apropiadas”. (Romanos 1:26-28.)
Las Escrituras no ofrecen ninguna excusa ni concesión ni ambigüedad: tanto los actos homosexuales como el adulterio y la fornicación son repulsivos a la vista de Dios. Por consiguiente, los cristianos verdaderos no suavizan la postura bíblica sobre los “apetitos sexuales vergonzosos” simplemente para ganar popularidad o hacerse más aceptables a la cultura moderna. Tampoco aprueban los movimientos que fomentan la homosexualidad como un estilo de vida normal.
“Odien lo que es malo”
La Biblia nos insta: “Oh amadores de Jehová, odien lo que es malo”. (Salmo 97:10.) Así pues, se espera que los cristianos odien toda práctica que quebrante las leyes de Jehová. Algunas personas incluso reaccionan con mayor aversión o repugnancia hacia la homosexualidad que hacia otros tipos de inmoralidad, dado que la ven como una perversión sexual antinatural. Pero, ¿deben odiar los cristianos a los que adoptan tales conductas?
Las palabras del salmista en el Salmo 139:21, 22 ayudan a responder a esta pregunta: “¿No odio yo a los que te odian intensamente, oh Jehová, y no me dan asco los que se sublevan contra ti? De veras los odio con un odio completo. Han llegado a ser para mí verdaderos enemigos”. La lealtad a Jehová y a sus principios debería producir en nosotros una fuerte aversión hacia los que se sublevan deliberadamente contra Jehová y se declaran enemigos de él. Satanás y los demonios figuran entre tales enemigos acérrimos de Dios. Algunos seres humanos probablemente entran también en esta categoría. No obstante, al cristiano puede resultarle muy difícil identificar a tales personas por las apariencias. Nosotros no podemos leer los corazones. (Jeremías 17:9, 10.) Sería incorrecto suponer que alguien es un enemigo incorregible de Dios porque esté practicando algo malo. En muchos casos los pecadores desconocen las normas de Dios.
Por consiguiente, en líneas generales, los cristianos no se precipitan a odiar a sus semejantes. Aun cuando detesten profundamente ciertos estilos de vida, no tratan de infligir daño a otras personas ni les abrigan rencor. Más bien, la Biblia aconseja a los cristianos que “sean pacíficos con todos los hombres”. (Romanos 12:9, 17-19.)
“Dios no es parcial”
Jehová perdonará a toda persona que se arrepienta de corazón, prescindiendo de qué actos inmorales haya cometido. No hay pruebas de que él considere un tipo de inmoralidad peor que otro. “Dios no es parcial.” (Hechos 10:34, 35.) Piense, por ejemplo, en el caso de la congregación corintia del siglo I. El apóstol Pablo le escribió: “Ni fornicadores, ni idólatras, ni adúlteros, ni hombres que se tienen para propósitos contranaturales, ni hombres que se acuestan con hombres, ni ladrones, ni personas dominadas por la avidez, ni borrachos, ni injuriadores, ni los que practican extorsión heredarán el reino de Dios”. A continuación, Pablo reconoció que a algunos que habían sido fornicadores, adúlteros, homosexuales y ladrones se les había aceptado en la congregación cristiana de Corinto. Explicó: “Y, sin embargo, eso era lo que algunos de ustedes eran. Pero ustedes han sido lavados, pero ustedes han sido santificados, pero ustedes han sido declarados justos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo y con el espíritu de nuestro Dios”. (1 Corintios 6:9-11.)
Naturalmente, Jehová no tolera la violación persistente de sus normas morales perfectas. No hay duda de que Él odia que se desprecien tercamente sus principios. Sin embargo, deja la puerta abierta para la reconciliación. (Salmo 86:5; Isaías 55:7.) Por lo tanto, los cristianos no muestran animadversión ni ridiculizan ni hostigan a los homosexuales ni a nadie. Los cristianos verdaderos ven a sus semejantes como discípulos potenciales de Cristo, así que los tratan de forma respetuosa y digna. La Biblia dice: “Esto es excelente y acepto a vista de nuestro Salvador, Dios, cuya voluntad es que hombres de toda clase se salven y lleguen a un conocimiento exacto de la verdad”. (1 Timoteo 2:3, 4.)
Los cristianos acogen a los arrepentidos
La Biblia señala repetidas veces que Dios perdona. Lo describe como “un Dios de actos de perdón, benévolo y misericordioso, tardo para la cólera y abundante en bondad amorosa”. (Nehemías 9:17; Ezequiel 33:11; 2 Pedro 3:9.) La Biblia también lo asemeja al padre de la parábola de Jesús del hijo pródigo, que despilfarró su herencia llevando una vida disoluta en una tierra lejana. El padre estaba esperando a su hijo con los brazos abiertos cuando este finalmente entró en razón, se arrepintió y regresó al hogar. (Lucas 15:11-24.)
En efecto, es posible que un pecador cambie. Las Escrituras lo reconocen cuando estimulan a las personas a despojarse de la vieja personalidad, ponerse una nueva y ‘hacerse nuevas en la fuerza que impulsa su mente’. (Efesios 4:22-24.) Los que practican el mal, entre ellos los homosexuales, pueden hacer cambios radicales en su mentalidad y su conducta. Muchos han logrado realizar esta transformación. Jesús mismo predicó a tal tipo de personas y, cuando mostraron arrepentimiento, las aceptó. (Mateo 21:31, 32.)
Los cristianos acogen a gente de toda condición que se ha arrepentido. Tras abandonar sus prácticas inmorales, sin importar las que hayan sido, todos ellos pueden beneficiarse plenamente del perdón divino, porque “Jehová es bueno para con todos, y sus misericordias están sobre todas sus obras”. (Salmo 145:9.)
Los cristianos ofrecen con gusto la ayuda espiritual que sea necesaria a todas las personas, entre ellas las que siguen luchando contra inclinaciones homosexuales. Esta actitud armoniza con la manera como el propio Dios manifiesta su amor, ya que la Biblia dice: “Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8.)

Los cristianos no suavizan la postura bíblica sobre la homosexualidad



g 8/12/1997

¿Aprueba Dios los matrimonios homosexuales? - Jue Jul 28, 2011 10:41 pm

¿Aprueba Dios los matrimonios homosexuales?

DURANTE la ceremonia eclesiástica, un famoso obispo episcopaliano tiene frente a él a dos hombres que, de pie y tomados de la mano, formulan un “pacto [...] ante Dios y la Iglesia”. El prelado, que luce vestiduras blancas con ornamentos dorados, bendice públicamente la unión. Al final, los contrayentes se besan y abrazan, al tiempo que los concurrentes se levantan y los ovacionan. Según el obispo, tales relaciones homosexuales “son santas y merecen que se bendigan, [...] merecen que se reconozca su carácter sagrado”.

Sin embargo, otros dirigentes religiosos se oponen rotundamente a dichos enlaces. “Nos perturba sobremanera la decisión [del obispo]”, señaló Cynthia Brust, portavoz del Concilio Anglicano Americano, integrado por episcopalianos conservadores. “Bendecir uniones homosexuales —añadió— contradice las claras doctrinas bíblicas sobre el matrimonio y la sexualidad, [...] [la cual] debe limitarse al hombre y la mujer unidos en santo matrimonio.”

La apasionada polémica sobre este particular no se circunscribe al ámbito religioso. Por todo el mundo se escuchan acalorados debates políticos, ya que están en juego importantísimas cuestiones sociales, políticas y económicas que abarcan aspectos tales como pensiones, cobertura médica del cónyuge e impuestos.

Los asuntos que implican derechos civiles y reconocimientos legales suelen ser muy complejos y tienden a dividir a la opinión pública. Además, los cristianos verdaderos evitan con mucho cuidado las discusiones políticas, pues desean mantenerse neutrales (Juan 17:16). Ahora bien, hay personas que, si bien respetan la Biblia, no saben qué opinar acerca de la homosexualidad y los casamientos entre personas del mismo sexo. ¿Qué piensa usted sobre los matrimonios homosexuales? ¿Cuál es el criterio divino acerca de la unión marital? ¿Cómo puede influir la actitud de uno en su relación con Dios?

El Creador establece la norma

Mucho antes de que los gobiernos decidieran promulgar leyes que regularan el matrimonio, nuestro Creador ya las había establecido. Dice el primer libro de la Biblia: “El hombre dejará a su padre y a su madre, y tiene que adherirse a su esposa, y tienen que llegar a ser una sola carne” (Génesis 2:24). Con respecto a la palabra hebrea traducida como “esposa”, el Diccionario expositivo de palabras del Antiguo y del Nuevo Testamento exhaustivo, de W. E. Vine, explica que “señala a cualquier persona del sexo femenino”. Más tarde, Jesús confirmó que los cónyuges tienen que ser “macho y hembra” (Mateo 19:4).

Por consiguiente, Dios estipuló que el matrimonio fuese una unión íntima de carácter permanente entre hombre y mujer. Ambos seres están diseñados para complementarse a fin de satisfacer mutuamente sus necesidades y deseos de orden emocional, espiritual y sexual.

La conocida historia bíblica de Sodoma y Gomorra revela el criterio divino acerca de la homosexualidad. Dios declaró: “El clamor de queja acerca de Sodoma y Gomorra es ciertamente fuerte, y su pecado es ciertamente muy grave” (Génesis 18:20). El grado de depravación al que habían llegado estas ciudades se manifestó cuando el justo Lot recibió a dos visitantes. “Los hombres de Sodoma [...] cercaron la casa, desde el muchacho hasta el viejo, toda la gente en una chusma. Y siguieron llamando a Lot y diciéndole: ‘¿Dónde están los hombres que entraron contigo esta noche? Sácanoslos para que tengamos ayuntamiento con ellos’.” (Génesis 19:4, 5.) Las Escrituras añaden que “los hombres de Sodoma eran malos, y eran pecadores en extremo contra Jehová” (Génesis 13:13).

Aquellos hombres “se encendieron violentamente en su lascivia unos para con otros, varones con varones” (Romanos 1:27). Habían “ido en pos de carne para uso contranatural” (Judas 7). En los países donde hay constantes campañas en pro de los derechos homosexuales, quizás haya quienes objeten a que se aplique el calificativo contranatural a la conducta homosexual. Pero ¿acaso no es Dios el árbitro supremo en lo que respecta al orden natural? Pues bien, él dio este mandato a su pueblo: “No debes acostarte con un varón igual a como te acuestas con una mujer. Es cosa detestable” (Levítico 18:22).

Somos responsables ante Dios

La Biblia es muy clara: Dios no acepta ni pasa por alto las relaciones homosexuales. Lo mismo ocurre con las personas que “aprueban a quienes las practican” (Romanos 1:32, Nueva Versión Internacional). Y el que se celebre un “matrimonio” no las convierte en algo decente. Dios requiere que “el matrimonio sea honorable entre todos”, lo que excluye las uniones homosexuales, que él encuentra detestables (Hebreos 13:4).

Con la ayuda divina es posible que las personas “se abstengan de la fornicación” —término que incluye los actos homosexuales— y sepan “tomar posesión de su propio vaso en santificación y honra” (1 Tesalonicenses 4:3, 4). Hay que reconocer que no siempre es fácil. Gerardo, quien llevó un estilo de vida homosexual, dijo: “Creía que no iba a poder cambiar nunca”. Pero lo hizo, ayudado por “el espíritu de nuestro Dios” (1 Corintios 6:11). Gerardo comprobó que para Jehová no hay problemas insuperables. En efecto, Dios puede darnos la fuerza y la ayuda que precisamos para atenernos a sus preceptos y así recibir su bendición (Salmo 46:1).

Se ha cambiado el nombre.

g/2005 la página 26]

Damita

¿Cómo ve Dios la homosexualidad? - Jue Jul 28, 2011 10:32 pm

¿Cómo ve Dios la homosexualidad?



No son pocas las personas —entre ellas algunos religiosos— que le quitan importancia a la homosexualidad. Pero la Biblia no es ambigua. Señala que Jehová Dios creó al hombre y a la mujer, y que los hizo para que dieran satisfacción a sus deseos dentro del matrimonio
(Génesis 1:27, 28; 2:24).Levítico 18:22; Proverbios 5:18, 19)
Cabe señalar que la fornicación, un pecado que condena la Biblia, incluye tanto relaciones homosexuales como heterosexuales (Gálatas 5:19-21)
Lógicamente, las Santas Escrituras condenan las prácticas homosexuales (Romanos 1:26, 27).
Claro, muchos dirán que este libro está anticuado. Por ejemplo, Carol, de 14 años, asegura:
“Algunas de las cosas que dice la Biblia están fuera de lugar en la actualidad”.
Pero ¿por qué se apresura la gente a afirmar algo así? A menudo lo hacen porque las pautas bíblicas chocan con las suyas. Rechazan la Palabra de Dios porque enseña algo distinto de lo que quieren creer. Ahora bien, esa es una actitud prejuiciada y poco abierta que la Biblia nos anima a evitar.
De hecho, Jehová Dios nos invita en su Palabra a tener presente que sus mandamientos son para nuestro propio beneficio (Isaías 48:17, 18).

¿Habrá razones para creerlo? Piénsalo: ¿hay alguien que conozca mejor que él cómo estamos hechos?

Damita

¿Son necesarias las “lenguas”? - Mar Jul 05, 2011 1:42 pm


Considerando nuestras limitaciones humanas, ¿le ayudarían las “lenguas” al espíritu santo a ‘poner en uno una oración perfecta’? Los que se atienen a ese punto de vista pasan por alto la intimidad de la oración indicada en la Escritura. La oración no es una fórmula mágica, cuya repetición exacta produce un beneficio. Más bien, mucho depende de la manera en que le hablamos a Dios, al expresar nuestro aprecio y nuestras necesidades.
¿Qué expresión de un niño aprecia usted más... sus gracias sencillas y sinceras, o las palabras floridas que alguien le enseñó a decir, pero que obviamente él no entiende? Pues bien, ¿no es razonable pensar que el Padre celestial inteligente y amoroso aprecia las solicitudes y expresiones sencillas y sinceras que usted le haga más bien que palabras desconocidas grabadas en usted por alguna fuente exterior?
El salmista no dijo que se había acercado y dirigido a Dios en una “lengua desconocida.” En vez de eso dijo: “He llamado con todo mi corazón. Respóndeme, oh Jehová.” (Sal. 119:145) ¿Cómo pudiera una expresión ser del corazón si la persona que la dijera ni siquiera entendiera su significado?—Compare con 1 Corintios 14:14, 15.
Jesús dio un ejemplo de la oración. Era una oración muy sencilla. Esa Oración Modelo (que a menudo se llama el “Padre nuestro”) está registrada en Mateo 6:9-13. Nos da la perspectiva correcta de una oración apropiada. Primero reciben atención el nombre de Dios, su reino y el hacer la voluntad de él en la Tierra. Luego siguen las necesidades del individuo (entre ellas la necesidad sencilla material de “nuestro pan para este día”), el perdón de los pecados y la liberación de la tentación y del inicuo, Satanás el Diablo.
El “Padre nuestro” no contiene floridez, nada oratorio. De hecho, en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras esta Oración Modelo contiene solo 54 palabras. Ninguna parte de ella es difícil de entender. No contiene nada en una lengua desconocida. El que ora entiende lo que está pidiendo, y lo pide con sencillez, como una persona hablaría con un padre amoroso. De hecho, antes de dar esta Oración Modelo, Jesús dijo estas palabras tranquilizadoras: “Dios su Padre sabe qué cosas necesitan ustedes aun antes que se las pidan.”—Mat. 6:8.
Las personas que oran en “lenguas” a veces dicen que están usando “lenguas de ángeles.” Sin embargo, no hay nada en las Escrituras que indique que Jesucristo mismo usara alguna habla de clase especial al orar a su Padre celestial. Las oraciones de Jesús registradas en la Biblia no fueron superiores a lo que se pudiera expresar en palabras humanas. Y ¿cómo pudiera alguien hoy día tener cosas que decirle a Dios que fueran de índole superior a las que Jesús tenía?
Considere la sencillez de la breve oración que Jesús dijo en Getsemaní la noche antes de su muerte: “Abba [una palabra que quiere decir “papá”], Padre, todas las cosas te son posibles; remueve de mí esta copa. No obstante, no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.” (Mar. 14:36) ¿Qué pudiera ser más sencillo que eso? No obstante, Jesús mismo lo oró. Sin embargo, al momento de su muerte, su última oración fue aun más directa. Leemos en Lucas 23:46: “Jesús llamó con voz fuerte y dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.’ Cuando hubo dicho esto expiró.”

Damita

Cómo ser oídos - Mar Jul 05, 2011 1:10 pm

Hemos visto que el que nuestras oraciones sean oídas no depende de que sean de un libro y que estén expresadas en palabras especiales, ni de una súplica que se dirija a “santos.”

No depende de repetir la misma cosa cierta cantidad de veces mientras se lleva la cuenta en un rosario.
Tampoco depende de usar “lenguas” para decir palabras que no entendemos.

Más bien, el que nuestras oraciones sean oídas requiere que nos acerquemos a Dios por medio de Jesucristo y depende de nuestro corazón y de nuestra obediencia a Dios.
El apóstol Juan escribió: “Amados, si nuestro corazón no nos condena, tenemos franqueza de expresión para con Dios; y cualquier cosa que le pedimos la recibimos de él, porque estamos observando sus mandamientos y estamos haciendo las cosas que son gratas a sus ojos. En verdad, éste es su mandamiento: que tengamos fe en el nombre de su Hijo Jesucristo y nos estemos amando los unos a los otros, así como él nos dio mandamiento.”—1 Juan 3:21-23.

Nuestras oraciones tienen que estar en armonía con la voluntad de Dios y sus propósitos. Por eso, Juan dijo: “Esta es la confianza que tenemos para con él, que, no importa que sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye.”—1 Juan 5:14.

El Proverbio dice: “Jehová está muy lejos de los inicuos, pero oye la oración de los justos.” (Pro. 15:29) Los que obedecen los mandatos de Dios y oran en armonía con sus propósitos tienen la seguridad de que él tiene los “oídos” atentos a ellos.—Sal. 10:17; 1 Ped. 3:12.

Es una gran condescendencia de parte de Jehová Dios el que él nos deje acercarnos a él en oración. Tal relación es un privilegio inestimable. Si apreciamos la oportunidad de acercarnos a Dios, y si mantenemos nuestro corazón sensible a su voluntad, nuestra mente tomará las decisiones correctas y nos dirigirá a obrar de maneras que cuenten con la aprobación divina. ¿Cuál será el resultado? Precisamente lo contrario de tener una “brecha de comunicación” con Dios. Apropiadamente escribió el discípulo Santiago:

Damita

¿Qué hay del rosario? - Mar Jul 05, 2011 1:09 pm


Escudriñe las Sagradas Escrituras cuanto quiera, pero no hallará nada que diga que la gente necesita un rosario o medios parecidos de contar oraciones aprendidas de memoria. De hecho, la Biblia no indica que se debe repetir la misma oración vez tras vez.
Es cierto que las Escrituras instan a los cristianos a que “persistan en la oración.” (Rom. 12:12) Pero esto no quiere decir que se debe repetir la misma cosa vez tras vez. Jesús dijo: “Al orar, no digas las mismas cosas repetidas veces, así como la gente de las naciones, porque ellos se imaginan que por su uso de muchas palabras se harán oír. Pues bien, no se hagan semejantes a ellos.” (Mat. 6:7, 8) Es obvio que si no se debe decir vez tras vez la misma oración aprendida de memoria, no se necesitarían cuentas para saber cuántas veces se ha dicho.
¿Son necesarias las “lenguas”?
Considerando nuestras limitaciones humanas, ¿le ayudarían las “lenguas” al espíritu santo a ‘poner en uno una oración perfecta’? Los que se atienen a ese punto de vista pasan por alto la intimidad de la oración indicada en la Escritura. La oración no es una fórmula mágica, cuya repetición exacta produce un beneficio. Más bien, mucho depende de la manera en que le hablamos a Dios, al expresar nuestro aprecio y nuestras necesidades.
¿Qué expresión de un niño aprecia usted más... sus gracias sencillas y sinceras, o las palabras floridas que alguien le enseñó a decir, pero que obviamente él no entiende? Pues bien, ¿no es razonable pensar que el Padre celestial inteligente y amoroso aprecia las solicitudes y expresiones sencillas y sinceras que usted le haga más bien que palabras desconocidas grabadas en usted por alguna fuente exterior?
El salmista no dijo que se había acercado y dirigido a Dios en una “lengua desconocida.” En vez de eso dijo: “He llamado con todo mi corazón. Respóndeme, oh Jehová.” (Sal. 119:145) ¿Cómo pudiera una expresión ser del corazón si la persona que la dijera ni siquiera entendiera su significado?—Compare con 1 Corintios 14:14, 15.
Jesús dio un ejemplo de la oración. Era una oración muy sencilla. Esa Oración Modelo (que a menudo se llama el “Padre nuestro”) está registrada en Mateo 6:9-13. Nos da la perspectiva correcta de una oración apropiada. Primero reciben atención el nombre de Dios, su reino y el hacer la voluntad de él en la Tierra. Luego siguen las necesidades del individuo (entre ellas la necesidad sencilla material de “nuestro pan para este día”), el perdón de los pecados y la liberación de la tentación y del inicuo, Satanás el Diablo.
El “Padre nuestro” no contiene floridez, nada oratorio. De hecho, en la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras esta Oración Modelo contiene solo 54 palabras. Ninguna parte de ella es difícil de entender. No contiene nada en una lengua desconocida. El que ora entiende lo que está pidiendo, y lo pide con sencillez, como una persona hablaría con un padre amoroso. De hecho, antes de dar esta Oración Modelo, Jesús dijo estas palabras tranquilizadoras: “Dios su Padre sabe qué cosas necesitan ustedes aun antes que se las pidan.”—Mat. 6:8.
Las personas que oran en “lenguas” a veces dicen que están usando “lenguas de ángeles.” Sin embargo, no hay nada en las Escrituras que indique que Jesucristo mismo usara alguna habla de clase especial al orar a su Padre celestial. Las oraciones de Jesús registradas en la Biblia no fueron superiores a lo que se pudiera expresar en palabras humanas. Y ¿cómo pudiera alguien hoy día tener cosas que decirle a Dios que fueran de índole superior a las que Jesús tenía?
Considere la sencillez de la breve oración que Jesús dijo en Getsemaní la noche antes de su muerte: “Abba [una palabra que quiere decir “papá”], Padre, todas las cosas te son posibles; remueve de mí esta copa. No obstante, no lo que yo quiero, sino lo que tú quieres.” (Mar. 14:36) ¿Qué pudiera ser más sencillo que eso? No obstante, Jesús mismo lo oró. Sin embargo, al momento de su muerte, su última oración fue aun más directa. Leemos en Lucas 23:46: “Jesús llamó con voz fuerte y dijo: ‘Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.’ Cuando hubo dicho esto expiró.”

Damita

¿Debemos orar a “santos”? - Mar Jul 05, 2011 1:08 pm


La Biblia no dice que los cristianos primitivos oraban a “santos.” No nos dice que los necesitamos como “intercesores,” o que intercederán con Dios a favor de nosotros. Las Escrituras no dan ejemplos de casos en que siervos fieles de Dios hayan orado a los difuntos, o que hayan tratado de conseguir que éstos les hicieran favores. De hecho, la Biblia indica que los “santos” muertos no pudieran hacerlo, puesto que dice que los muertos “no están conscientes de nada en absoluto.” En conformidad con la Biblia, los muertos están inconscientes, en sus sepulcros, esperando la resurrección.—Ecl. 9:5, 10; Juan 5:28, 29; 11:24.
Por eso, en vez de decirnos que oremos a los santos, la Biblia dice: “En todo por oración y ruego junto con acción de gracias dense a conocer sus peticiones a Dios.” (Fili. 4:6) De modo que la expresión popular en francés, “mejor negociar con el buen Señor que con sus santos,” contiene mucha más verdad de lo que se imaginan muchas personas que la dicen.
El orar a Dios no es como el acercarse a algunos reyes europeos de la antigüedad bajo cuyo reinado aquellos “a quienes uno conociera en la corte” pudiera haber sido más importante que la justicia de su causa. Los primeros cristianos, cuyas acciones se hallan registradas en la Biblia, no sintieron la necesidad de acercarse a Dios por medio de nadie en el cielo salvo Jesucristo, en cuyo nombre dirigían sus oraciones a Dios. Jesús mismo dijo: “Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie viene al Padre sino por mí,” y habló de ‘pedir en su nombre.’—Juan 14:6, 14.
La New Catholic Encyclopedia reconoce francamente que los cristianos primitivos oraban a Dios, no a santos, cuando dice: “Generalmente en el N[uevo] T[estamento], toda oración, tanto privada como la oración litúrgica pública, se dirige a Dios el Padre por medio de Cristo.” También declara: “La oración debe ser una expresión de la amistad de uno con Dios.”—Tomo XI, págs. 670, 673.
El tener ‘amistad con Dios’ elimina la necesidad de que alguien tenga que hablar por uno... aun si eso fuera posible. Los cristianos no temen hablar directamente con Dios y por eso no necesitan dirigirse a Dios por medio de “santos.” Pablo, un apóstol de Jesucristo, manifestó que no necesitamos intercesores de esa clase con Dios, porque tenemos “franqueza de expresión” al dirigirnos a él por medio de Jesús. Pablo aconsejó: “Acerquémonos, por lo tanto, con franqueza de expresión al trono de bondad inmerecida, para que obtengamos misericordia y hallemos bondad inmerecida para ayuda al tiempo oportuno.” (Heb. 4:14-16) Si en nuestras oraciones tenemos esa “franqueza de expresión,” no se necesitan otros intercesores.

Damita

El uso de libros de oración - Mar Jul 05, 2011 1:02 pm


Aunque sorprenda a muchas personas hoy día, la Biblia no dice nada acerca de que alguien haya necesitado un libro de oraciones para saber qué decirle a Dios. A fin de dirigirse a Dios, su pueblo de la antigüedad jamás usó un libro de oraciones formales que otra persona hubiese ideado o escrito.
La Biblia se refiere a Dios como un Padre. (Rom. 1:7) ¿Puede usted imaginarse a sus hijos teniendo que acudir a un libro para leerle las palabras de otra persona a fin de decirle “Por favor,” “Gracias,” “Muéstrame qué hacer,” o, “Tengo un problema y necesito tu ayuda”?
Es cierto que la Biblia contiene hermosas oraciones. El libro de los Salmos es una colección de magníficas canciones de alabanza y acciones de gracias a Dios, muchas de las cuales son oraciones exquisitas. Por supuesto, las personas que aprecian el privilegio de orar escogerían sus palabras con cuidado, en armonía con el privilegio de dirigirse a un Dios amoroso. Pero la Biblia muestra que nuestras oraciones pueden ser muy sencillas.
En una ilustración, Jesucristo dio un ejemplo sobresaliente de oración. Habló de un humilde recaudador de impuestos que ni siquiera estaba dispuesto a alzar sus ojos al cielo, antes bien siguió golpeándose el pecho, diciendo: “Oh Dios, sé benévolo para conmigo, pecador.” ¿Qué pudiera ser más sencillo que eso? No obstante, Jesús dijo: “Les digo: Este hombre bajó a su casa probado más justo” que un fariseo orgulloso que se ensalzó a sí mismo aun al dirigirse a Dios.—Luc. 18:9-14.
Las oraciones que hallamos en la Biblia —hasta los espléndidos Salmos— demuestran una amistad con Dios. Los siervos de Jehová de la antigüedad no consideraban que Dios fuera un “poder para el bien” en el universo, una fuerza abstracta. Más bien, lo conocían como una poderosa persona espíritu. Se dirigían a él como Jehová, usando el glorioso nombre que él mismo se había dado. Esto afectaba la manera en que le hablaban. Suplicaban de él su favor. Le pedían su bendición. Procuraban su perdón.—Sal. 39:12.
Realmente, es asombroso pensar que la gente pueda hablarle a Dios y que él escuche. Pero la Biblia describe precisamente esa clase de relación. El Salmo 139 indica hermosamente la habilidad de Jehová de prestar atención a una sola persona. Si usted cree que Dios no pudiera interesarse en usted como individuo, lea este entero salmo, en el cual David dice, en parte: “Oh Jehová, tú me has escudriñado completamente, y me conoces. Tú mismo has llegado a conocer mi sentarme y mi levantarme. Has considerado mi pensar desde lejos. Mi viajar y mi yacer tendido los has medido, y te has familiarizado aun con todos mis caminos.” (Sal. 139:1-3) El aprecio que los siervos de Dios del pasado le tenían a esta relación les permitía dirigir expresiones de súplica y acciones de gracias directamente al Creador.
Dios conoce nuestras deficiencias y limitaciones. Por supuesto, cuando oramos debemos hablar del mejor modo en que podamos. Pero lo que decimos representa nuestros pensamientos a un grado mucho mayor que lo que leyéramos. El usar las palabras escritas por otra persona en un libro de oración realmente restaría de la sinceridad e intimidad de nuestras expresiones a Dios.

Damita

Cómo orar y ser oído por Dios - Mar Jul 05, 2011 12:56 pm

DESDE los tiempos más antiguos los hombres han sentido la necesidad de orar a Dios. Reconociendo su propia insignificancia e incapacidad para alcanzarlo sin ayuda, han inventado numerosas “ayudas” para la oración.
Algunas personas usan libros de oración. Leen oraciones que se han escrito para diferentes ocasiones con la esperanza de que esto les ayude a conseguir el favor de Dios. Otros oran a santos y les piden que intercedan con Dios a favor de ellos. Otra práctica común es la de aprender de memoria las oraciones y usar un rosario para saber cuántas veces las han dicho.
Sin embargo, hasta algunos de los líderes religiosos de las iglesias que usan estas ayudas no las consideran suficientes. Creen que el lenguaje humano es inadecuado para orarle a Dios, y oran en lenguas, usando palabras que ellos mismos no entienden.
El sacerdote católico romano David Geraets, prior del monasterio benedictino situado en Pecos, Nuevo México, dijo: “Mientras más vivo, más me entero de que no sabemos orar.” Sugirió que el orar en “lenguas” pudiera dejar que el espíritu santo “les ponga dentro una oración perfecta,” y comentó: “Lo que pasa es que hay una brecha de comunicación entre el individuo y Dios y hay que llenar esta brecha, y el hablar en lenguas pudiera ser una manera de hacerlo.”
Sin embargo, es interesante notar lo que la Biblia indica. Nos informa acerca de las enseñanzas y costumbres de Jesús y sus apóstoles y relata los actos de otros hombres fieles de la antigüedad. Pero la Biblia no indica que hubo una “brecha de comunicación” entre los cristianos primitivos y Jehová Dios.
Posiblemente le interese considerar estas “ayudas para la oración” una por una, para ver si ayudan u obstaculizan la oración verdadera. Entonces consideraremos lo que la Biblia dice acerca de las oraciones que Dios realmente oye.




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Fecha y hora actual: Vie Mayo 18, 2012 11:08 pm